sábado, 11 de septiembre de 2010

La Fuerza...

Un vórtice hacia la caída y el dolor, pero de donde tomas la fuerza para seguir adelante.

La simplicidad de la fuerza… rara conjugación, pero a su vez un liviano viaje con potencial hacia la mira más alta. Cuando entras en él entiendes el cosmos y también diluyes la idea… esa de caer al vacío sin una protección, sin un seguro y ni una admiración, puesto que al estar ahí los pensamientos mas remotos se vuelcan en una maravillosa odisea, una sin fin, sin un papel, sin un rol que fingir, simplemente te encuentras con tu delirio y tu misterio envuelto en un aire de salvación.

Esa salvación que te pide ser encontrada pero por mas que la buscas no esta ahí, porque la única cosa que te hará sobrevivir es andar sin rumbo fijo, con ganas de adentrarte en ese mundo tan subjetivo y melancólico de los sueños, de la esperanza, pero también de la realidad y de la desventura.

Aquella desventura que te carcome la piel y te quema el alma, la misma que te motiva para no cometer los mismos errores una y otra vez, ese garabato que llevas pintado en el recuerdo no es más que un mínimo de dolor de lo que una vez pudiste sentir, y que ahora es nada gracias a ese desplome de ideas, de arrebatos y de acciones presentes en la memoria de un extraño acontecer.

¿Y quién dijo que los vórtices no tenían vida? Pues lo dijo la persona muerta enterrada en la tumba de ayer.

“La VeCiNa”

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